Los Ángeles — “No te quieren, Murph”.
El mensaje no pudo ser más claro. Lo pronunció Craig Counsell, quien desde el primer día de las prácticas de otoño en Notre Dame, cuando jugaba bajo las órdenes de Pat Murphy, fue exactamente el tipo de jugador que le gustaba al manager. Ese día, Counsell recibió un mal rebote en la nariz mientras jugaba en la segunda base. El impacto fue tan sangriento que lo trasladaron de urgencia a un hospital. Regresó al campo antes de que terminara la práctica.
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Murphy fue coach de banca y consejero de Counsell durante nueve años, cuando este dirigió a los Milwaukee Brewers. Counsell se marchó como agente libre al rival Cubs después de la temporada 2023. Le dijo a Murphy que recogiera sus cosas. El club ni siquiera lo consideró como su reemplazo.
“No me querían”, dice Murphy. “Iban a contratar a Don Mattingly o a quien fuera que quisieran. Está bien. Lo entendí. Escucha, podía irme a los Cubs como coach de banca”.
Pero entonces los Brewers volvieron a apostar por Murphy. Él le dijo al propietario, Mark Attanasio, que estaba interesado, pero solo bajo una condición.
“Tenemos que establecer una manera de jugar al beisbol”, le dijo Murphy. “Tenemos que ser diferentes. Y todo depende de quiénes tenemos en el vestidor”.
Murphy insistió en definir el estilo y, en algunos casos, el personal que representaría el beisbol de los Brewers, una voz de manager con una autoridad poco común en un deporte en el que las oficinas directivas tienen más influencia que nunca sobre las alineaciones, los rosters y la estrategia.
Hoy, por primera vez en 44 años, los Brewers están rumbo a la Serie Mundial. Destruyeron a los Dodgers con una barrida en cuatro juegos, la derrota más contundente de una dinastía desde que los visigodos arrasaron Roma. Los Dodgers tuvieron ventaja en los cuatro partidos, en seis ocasiones en total, y los Brewers borraron todas y cada una de ellas. La última fue la sorpresa más grande de todas. Los Dodgers ganaban 4-0 en casa después de un momento digno de Hollywood, cuando Shohei Ohtani despertó de una mala racha de dos meses para conectar un espectacular jonrón de tres carreras.
“Cuando regresamos al dugout”, dijo el jardinero central Garrett Mitchell, “no hubo ni un segundo de duda. Fue como decir: ‘Vamos a ir recortando la diferencia. Vamos a volver a este partido’”.
El bateador designado de los Brewers y capitán, Christian Yelich, se volvió hacia Mitchell y le dijo: “Espera. ¿Qué tan increíble será cuando remontemos y ganemos? Será todavía más dulce”.
Y así ocurrió: los Brewers pasaron por encima de la envejecida sombra de la dinastía de los Dodgers con una victoria de 6-4. Los Dodgers jugaron tan mal que se convirtieron en apenas el séptimo equipo en perder cuatro partidos consecutivos en una misma serie de postemporada sin intentar un robo de base. Lo hicieron con un porcentaje de slugging de .250, la peor cifra entre esos siete equipos, solo por encima de los Yankees de 1963, otro imperio que llegaba a su fin.
“Quizá ellos tenían muchos integrantes del Salón de la Fama”, dijo Murphy. “Nosotros tenemos un montón de jugadores que compiten de verdad. Los competidores ganaron esta semana”.
Especialmente ahora que los Brewers están en la Serie Mundial —con una marca de 7-1 en la postemporada, después de una temporada regular de 103 victorias—, resulta difícil imaginar al equipo sin Murphy tras la salida de Counsell. Los Brewers son Murphy y Murphy son los Brewers. Incansable. Meticuloso. Irritable. Intrépido.
A sus 67 años, con una cadera lastimada y la habilidad de ser encantador y mordaz en una misma frase, Murphy es el segundo manager de mayor edad en debutar en una Serie Mundial, solo detrás de Jack McKeon, de 72 años, quien dirigió a los Marlins de 2003. El campeonato de la Liga Nacional de los Brewers es un triunfo de la paciencia para una apasionada ciudad beisbolera que ha esperado 44 temporadas para ver una Serie Mundial, la séptima sequía más larga de todos los tiempos. También valida la insistencia de Murphy en jugar con un estilo de otra época en una era dominada por los laboratorios y los datos. Milwaukee, último lugar de la liga en jonrones, conectó la menor cantidad de cuadrangulares (154) entre los campeones de liga desde los Royals de 2015.
“Me siento bendecido”, dijo Murphy. “Y no intento ser demasiado religioso. Simplemente digo que me siento agradecido de formar parte de todo esto, de tener la oportunidad de desempeñar el papel que tengo. Y lo digo en serio; así me he sentido durante estos tres años. Pero, lo siento, pienso en la próxima semana y después pienso en el próximo año. Así es como pienso. No necesito celebrar demasiado. ¿Sabes a qué me refiero? La alegría de todos es suficiente para mí”.
Si observabas con atención, podías ver la huella de Murphy por todas partes en el partido decisivo. Abajo 4-2 en la quinta entrada, Sal Frelick recibió una base por bolas. Frelick fue elegido en la primera ronda del Draft de 2021, a pesar de ser un jardinero de 1.75 metros con poco poder. Murphy presionó para que lo eligieran. Frelick es lo más parecido a un jugador prototípico del estilo de Murph desde Dustin Pedroia, a quien Murphy dirigió en Arizona State.
“Esa es la mentalidad que necesitamos para jugar de esta manera”, dijo Murphy. “No se trata de números. Necesitas personas como Sal Frelick en el vestidor”.
Frelick después se robó la segunda base y anotó con un sencillo de David Hamilton, un infielder de 1.78 metros que conectó cuatro jonrones y se robó 30 bases. Hamilton anotaría la carrera del empate gracias a una base por bolas con las bases llenas. Más tarde, conectó un jonrón para producir la última carrera. Sus dos imparables productores hicieron que Murphy recordara las instrucciones que le dio al veloz Hamilton antes de su primer turno al bate.
“Haz un toque de bola”, le dijo Murphy. “Solo tienes que poner una en el suelo. Si lo haces, no me importa si te ponen out o no; te prometo que durante el resto del partido vas a recibir lanzamientos para batear y te voy a dejar en el juego”.
Fue Mitchell, uno de los jugadores favoritos de Murphy para sus constantes enfrentamientos, quien conectó el jonrón que terminó por darle el banderín al equipo. En la sexta entrada, Mitchell remontó una cuenta de cero bolas y dos strikes ante el relevista zurdo Tanner Scott para conectar un cuadrangular que llegó hasta las gradas del jardín central-derecho. Mitchell es un jugador talentoso que suele provocar la irritación de Murphy por descuidos como no atender las señales y tomar malas ventajas secundarias.
“Por lo general, mis regaños tienen que ver con el corrido de bases”, dice Mitchell sobre las ocasiones en que Murphy lo reprende. “Probablemente es lo que ocurre con más frecuencia”.
En 2024, los Brewers jugaban en el Dodger Stadium. Tyler Glasnow, al igual que en el Juego 4, era el pitcher de Los Ángeles. Murphy le hizo la señal de robo de base a Mitchell. Mitchell no la vio. Murphy volvió a dar la señal. Aun así, Mitchell no corrió. Ocurrió una tercera vez. Y una cuarta. Finalmente, Murphy gritó desde el dugout al primera base de los Dodgers, Freddie Freeman: “¡Oye, Freddie! ¡Dile que corra!”.
Freeman hizo lo que le pidieron. Se volvió hacia Mitchell y le dijo: “Murph quiere que corras”.
Mitchell, que nunca corrió, recordó: “Después de como el quinto lanzamiento, no salí y creo que terminó consiguiendo el out justo después de eso. Esa siempre se me queda grabada”.
“Garrett me ha enseñado que siempre tienes que amar a tus jugadores”, dijo Murphy.
El sentimiento es mutuo entre los integrantes de los Brewers.
“La razón por la que quiero a Murph es que nunca sabes qué te vas a encontrar”, dijo Mitchell. “Es impredecible. Pero, ya sea que se trate de mano dura por tu bien, de motivación o de cualquier otra cosa, lo quieres y lo respetas porque es 100% auténtico. Y lo único que puedes hacer es respetarlo.
“De nuevo, sabes cuál es tu lugar. No hay juegos. Bueno, a veces juega pequeñas bromas. No me malinterpreten. Como dije, sabes cuál es tu lugar con él y, de nuevo, creo que así es como consigues lo mejor de tus jugadores. Desde mi perspectiva, siento que saca lo mejor de mí porque nunca sabes qué te espera ese día, pero sabes que siempre viene acompañado de cariño. Puede ser mano dura por tu bien, un abrazo, una palmada en el trasero o que te diga que te largues del campo”.
Cuando el pitcher novato Logan Henderson llegó al montículo dos minutos tarde para una apertura la temporada pasada, al día siguiente recibió en su casillero una carta de la oficina del comisionado que le informaba de una multa de 5,000 dólares por retrasar el partido. Murphy y el coach de pitcheo Chris Hook le dijeron a Henderson que debía escribir una carta de disculpa al comisionado con la esperanza de que le redujeran la multa. Justo cuando Henderson estaba a punto de comenzar a redactar su petición de clemencia, Murphy y Hook le revelaron la broma.
El mayor impacto de Murphy está en la manera en que juegan al beisbol los Brewers. Cuando el departamento de analítica del equipo, por ejemplo, le presenta estadísticas sobre el porcentaje de batazos elevados hacia el lado de poder —una medida de cuántas pelotas se conectan por el aire hacia el lado al que batea el jugador—, Murphy les dice: “No se molesten en incluir eso”.
A los especialistas en analítica les encanta ese porcentaje. En cambio, a Murphy le encantan los rodados hacia el lado contrario: conectar la pelota por el suelo hacia el lado opuesto al que batea el jugador.
“Es como el golf”, dijo. “A veces necesitas el wedge. Los bateadores conectan alrededor de 200 puntos más alto cuando batean rodados hacia el lado contrario”.
Resulta que tenía razón. Este año, los bateadores de las Grandes Ligas promediaron .205 cuando conectaron rodados hacia su lado de poder y .415 cuando batearon rodados hacia el lado contrario. ¿Adivinen qué equipo lideró las Mayores en batazos hacia el campo opuesto? ¿Y en porcentaje de rodados? El mejor equipo del beisbol: los Brewers.
En el montículo, Milwaukee también recurrió a métodos tradicionales para vencer a los Dodgers. Atacó a Los Ángeles con un 66% de lanzamientos rápidos —sobre todo, una avalancha de sinkers— a una velocidad promedio de 97 millas por hora. La única vía de los Dodgers hacia la victoria era conectar batazos de poder, algo que el pitcheo de Milwaukee, especialmente el incansable Aaron Ashby, no permitió.
“Velocidad de lanzadores zurdos”, respondió Murphy cuando le preguntaron por el plan para frenar a los Dodgers. “Así es como se hace. Eso es lo que tienes que hacer. Les quitas sus armas. D.L. Hall, Ashby, JoJo Romero… todos estuvieron sensacionales”.
Saquen sus pantalones acampanados y llamen a sus buenos amigos por la radio CB. Ya sea que Cleveland o Tampa Bay gane el banderín de la Liga Americana, la próxima Serie Mundial, que comenzará el 23 de octubre en Milwaukee, representa un regreso a los tiempos en que el promedio de bateo y el corrido de bases estaban de moda. Por primera vez desde 1990, cuando los Reds vencieron a los Athletics, la Serie Mundial contará con dos equipos que conectaron menos de 170 jonrones y se robaron más de 140 bases. Ese equilibrio no era inusual en aquella época. También ocurrió en 1980, 1976 y 1974. Los Brewers parecen haber viajado en el tiempo desde aquella era de pantalones de uniforme de poliéster sin cinturón.
Lo que las estadísticas no muestran es cómo Murphy cumplió con su principal exigencia al ser contratado: establecer una cultura distinta del mundo de fórmulas y números que domina al resto del beisbol. La suya se basa en tener a las personas adecuadas en el vestidor y conseguir que se comprometan con la idea, incluso si eso significa reprender al catcher William Contreras por no correr con intensidad tras conectar un rodado en un partido intrascendente de finales de septiembre, después de que los Brewers ya habían asegurado su clasificación. Milwaukee tiene marca de 22-4 desde el 7 de septiembre y ha mantenido el acelerador firmemente pisado.
“Creo que es importante que, en lo que hacemos, cada partido sea igual, ¿verdad?”, dijo Mitchell. “Estoy jugando los 162 partidos de la misma manera porque no se trata de levantar el pie del acelerador. Se trata de ganar ese día. Eso realmente significa algo y es nuestra identidad. En cada partido, hasta que se consigue el último out, vamos con todo, sin importar las circunstancias.
“Eso hace que sea mucho más fácil confiar unos en otros porque todos hemos formado parte de esto. Todos lo estamos haciendo. Ahí es donde no solo existe la responsabilidad mutua, sino también la confianza. Confiamos unos en otros”.
“Establecemos estándares que son realmente propios del beisbol”, dijo Murphy. “No se trata de hablar por hablar. ¿Sabes a qué me refiero? Para mí, se trata de establecer esos estándares en el beisbol. ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Vamos a cumplirlos? ¿Vamos a dejar pasar ese lanzamiento con cuenta de tres bolas y un strike cuando no sea strike? ¿Vamos a tener un rodado hacia el campo opuesto en nuestro repertorio? ¿Vamos a hacer esas cosas?”.
Desde que Murphy asumió el puesto de manager en 2024, los Brewers acumulan más victorias, más bases robadas, más sencillos, más imparables hacia el campo opuesto y más hits conectados con rodados que cualquier otro equipo del beisbol. La Serie Mundial es la validación de su trabajo. Se puede ganar con un estilo que la era de la información intentó eliminar, siempre que se tenga al manager adecuado y a las personas correctas en el vestidor.
Publicado originalmente en http://www.sportsillustrated.com el 16/10/2026, traducido al español para SI México.
