El Mundial 2026 impulsó la modernización tecnológica de los estadios de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara, pero el siguiente desafío será extender esa transformación a recintos que no recibieron partidos del torneo. Para Ericsson, México tiene la oportunidad de aprovechar el conocimiento adquirido durante el Mundial para construir una red de estadios más conectados, seguros y rentables.
La infraestructura instalada para el torneo permitió atender una demanda excepcional. El Mundial contempló 104 partidos durante 39 días en 16 ciudades de México, Estados Unidos y Canadá, con alrededor de 6.5 millones de asistentes. Además, los visitantes internacionales permanecieron entre 10 y 16 días en los países anfitriones, por lo que la conectividad tuvo que responder dentro y fuera de los estadios.
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El problema aparece cuando se observa el panorama completo del deporte mexicano. Los tres estadios mundialistas recibieron inversiones y actualizaciones importantes, pero otros recintos de futbol, beisbol, basquetbol, lucha libre, automovilismo y espectáculos todavía presentan dificultades cuando se llenan.
Peter Linder, responsable de Ericsson para América del Norte, considera que México no necesita comenzar desde cero.
“México tiene un camino interesante por delante porque ya existen varias recetas en Estados Unidos y Canadá”, explicó durante la presentación del informe Connected Sports and Entertainment 2026.
La primera decisión consiste en determinar qué tipo de infraestructura requiere cada estadio. Los recintos con partidos, conciertos y actividades constantes necesitan redes permanentes. En cambio, los espacios con pocos eventos al año pueden apoyarse en soluciones temporales, como antenas instaladas en vehículos o remolques que llegan antes del evento y se retiran después.
Este sistema, conocido como Cellular on Wheels, permite reforzar la cobertura sin construir una instalación fija que permanecería sin utilizarse durante buena parte del año. Linder recordó que en algunas competencias de NASCAR se emplearon cinco unidades temporales: dos dentro del circuito y tres en las zonas exteriores.
La distribución es importante porque el tráfico no comienza cuando el aficionado ocupa su asiento. Los estacionamientos, accesos, explanadas, zonas comerciales y rutas cercanas también concentran a miles de personas. La experiencia de la Indy 500 lo dejó claro: dos terceras partes del tráfico móvil registrado por Verizon se produjeron fuera del circuito.
Después de garantizar la conexión de los asistentes, la misma infraestructura puede utilizarse para mejorar el funcionamiento del estadio.
“Primero se conecta a los aficionados y después se utiliza una parte de la red para los diferentes procesos del negocio”, explicó Linder.
La conectividad puede sostener pagos, sistemas de acceso, cámaras de seguridad, comunicación del personal, inventarios, puntos de venta, servicios de emergencia y operaciones internas. Esto significa que una red moderna deja de ser un beneficio exclusivo para el público y se convierte en una herramienta para administrar el inmueble.
El impacto económico resulta especialmente importante. El informe de Ericsson calcula que entre 27 y 57% de los ingresos de una liga puede estar relacionado con las experiencias dentro de los recintos. Una mala conexión puede provocar que una compra no se complete, que una fila avance con lentitud o que un aficionado decida no consumir.
José Luis de la Vega, representante de Ericsson México, explicó el costo de esas fallas con un ejemplo directo.
“Cuando pasas tu tarjeta y la transacción no ocurre en cinco segundos, hay una cantidad importante de dinero que se pierde”, señaló.
El problema se vuelve mayor durante los momentos de mayor concentración. El informe encontró que 76% de los asistentes llega durante los 30 minutos previos al comienzo de un evento. En ese periodo coinciden accesos digitales, mensajes, pagos, consultas de boletos y publicaciones en redes sociales.
Las filas en alimentos y bebidas duran, en promedio, 13 minutos. Una red estable puede reducir ese tiempo mediante pedidos desde el teléfono, pagos móviles y sistemas que distribuyan a los asistentes entre diferentes puntos de venta. También puede ayudar a trasladar parte de las ventas de productos oficiales al entorno digital, ya que 68.4% de las compras de mercancía con licencia todavía se realiza fuera de internet.
La inteligencia artificial puede acelerar el proceso de modernización. En lugar de esperar a que un estadio se llene para descubrir sus puntos débiles, los operadores pueden analizar el comportamiento de la red con una ocupación parcial y proyectar lo que sucedería a máxima capacidad.
“El despliegue de 5G toma tiempo, pero la inteligencia artificial permite identificar cómo funciona la red y qué pasará cuando llevemos el estadio al 100%”, explicó De la Vega.
Estos modelos también pueden anticipar escenarios más complejos, como un estadio lleno y una zona para aficionados con otras 50 mil personas a dos kilómetros de distancia. De esta forma, los responsables pueden detectar posibles saturaciones antes del evento y reforzar únicamente los lugares que lo necesitan.
Una red avanzada también permite separar el tráfico del público de las funciones críticas. Los aficionados pueden utilizar la conexión pública mientras el personal del estadio opera sobre segmentos privados para seguridad, emergencias, producción televisiva y comunicación interna.
Estados Unidos ofrece una referencia del camino que podría seguir México. Más de 100 recintos deportivos ya cuentan con cobertura 5G, y algunos grandes eventos registran una proporción de tres dispositivos conectados a redes móviles por cada uno conectado al Wi-Fi del estadio.
La inversión también puede transformarse en un producto comercial. De acuerdo con el informe, 40% de los asistentes estaría dispuesto a pagar por una experiencia de conectividad superior, con un costo equivalente a entre 5 y 15% del precio de su boleto, siempre que incluya beneficios claros como cámaras exclusivas, estadísticas avanzadas o contenido personalizado.
Eso no significa que todos los estadios mexicanos necesiten inmediatamente la tecnología más costosa. El proceso puede desarrollarse por etapas: primero asegurar cobertura básica en accesos y tribunas; después mejorar pagos y operaciones; finalmente incorporar experiencias digitales, redes privadas e inteligencia artificial.
El legado tecnológico del Mundial no debería terminar en los tres estadios que recibieron partidos. El verdadero avance llegará cuando las soluciones, conocimientos y modelos utilizados durante el torneo se adapten a los demás recintos del país.
México ya cuenta con ejemplos, tecnología y experiencia internacional. El siguiente paso será convertir la conectividad en una parte fundamental de cada estadio, no solo durante un Mundial, sino en todos los eventos de la temporada.
